El Grupo
Internacional sobre el Cambo Climático (IPCC) ha
desarrollado un intervalo de escenarios de las emisiones futuras
de gases
de invernadero y de precursores de aerosoles basado en estimaciones
relativas del crecimiento de la población y económico, el empleo de
los suelos, cambios tecnológicos, disponibilidad energética y las
proporciones de los combustibles durante el período que media hasta el
2 100. A través de la comprensión del ciclo del carbono y de la
química de la atmósfera, estas emisiones pueden ser usadas para
proyectar las concentraciones atmosféricas de los gases
de invernadero y los aerosoles y la perturbación de las fuerzas
radiativas naturales. Los modelos climáticos pueden usarse para
desarrollar pronósticos sobre el clima futuro.
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Para el escenario medio de emisiones
pronosticadas por el IPCC, asumiendo el ¨mejor valor estimado¨ de
la sensibilidad climática e incluyendo los efectos de los
futuros incrementos en aerosol, los modelos proyectan un incremento en la
temperatura media global
relativa de la superficie del aire de alrededor de 2°C para el 2100. Este
estimado es aproximadamente una tercera parte más baja que el mejor
estimado en 1990. Este es debido principalmente a los escenarios de mas
baja emisión (particularmente para CO2 y los CFCs), la
inclusión del efecto de enfriamiento de los aerosoles de sulfato, y las
mejoras en el tratamiento del ciclo de carbono.
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Los cambios de temperatura regional podrían diferir
sustancialmente de los valores medios globales. Con motivo de la inercia
térmica de los océanos, sólo un 50 - 90 % del cambio de temperatura del
equilibrio eventual podría haberse realizado para 2 100 y la temperatura
podría continuar el incremento más allá del 2 100, aún cuando las
concentraciones de los gases de invernadero se estabilizaran para esta fecha.
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Se espera un incremento del nivel
del mar como resultado de la expansión térmica de los océanos y
la fusión de glaciares y placas de hielo. Para el escenario
del IPCC, asumiendo los mejores valores de la sensibilidad
climática y de la sensibilidad de la fusión del hielo, e
incluyendo los efectos de cambios futuros en el aerosol, los modelos
predicen una elevación en el nivel del mar de aproximadamente 50 cm
desde fines del pasado siglo hasta el 2 100.
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La predicción correspondiente
al escenario de más alta emisión combinado con una alta sensibilidad
climática y de fusión del ielo dan elevaciones del nivel del mar de
alrededor de 95 cm desde el presente hasta el 2100. El nivel del mar
podría continuar la elevación a una velocidad similar en los siglos
futuros más allá del 2100, aún si las concentraciones de los ases
de invernadero estuvieran estabilizados para esta fecha, y podría
continuar aún después del momento en que se alcance una estabilización
de la temperatura media global. Los cambios regionales del nivel del mar
pueden diferir del valor medio global debido a los cambios en el
movimiento de los suelos y las corrientes oceánicas.
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Todos los modelos de
simulación, tanto si son concebidos con incrementos en las
concentraciones de los gases
de invernadero y de aerosoles como si se supone solo el incremento en las
concentraciones de los gases
de invernadero, muestran las características siguientes: una mayor
superficie de calentamiento sobre la tierra que sobre el mar en el
invierno; una superficie de calentamiento máximo en latitudes altas
nórdicas en el invierno, poca superficie de calentamiento sobre el
Ártico en el verano, un mejoramiento en el ciclo
global
hidrológico, y un incremento en la precipitación y la humedad del suelo
en altas latitudes en el invierno. Todos estos cambios son asociados con
mecanismo físicos identificados.
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Los efectos directos e indirectos de los aerosoles antropogénicos
tienen una influencia importante sobre las proyecciones.
generalmente, las magnitudes
de la temperatura y los cambios en la precipitación son más pequeños
cuando cuando los efectos del aerosol están representados, especialmente
en las latitudes medias y nórdicas. Advierta que el efecto de
enfriamiento de los aerosoles no es una simple compensación del efecto de
calentamiento de los gases
de invernadero sino que afecta significativamente los modelos a escala
continental del cambio climático más notablemente en el hemisferio
estival. Por ejemplo, los modelos que consideran solo los efectos de los
gases
de invernadero generalmente pronostican un incremento en la
precipitación y en la humedad del suelo en la región de los monzones del
verano asiático, mientras que modelos que incluyen además algunos de los
efectos de aerosoles sugieren que puede disminuir la precipitación
de los monzones. La distribución espacial y temporal de los
aerosoles influyen grandemente en las proyecciones regionales que resultan
por tanto más inciertas.
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Las temperaturas más cálidas conducirán a un ciclo hidrológico
más vigoroso, lo cual se traduce en que en algunos lugares sufrirán más
severas sequías y/o
inundaciones mientras en otros se pronostican sequías y/o
inundaciones menos severas.
Algunos modelos indican un incremento en la intensidad de las
precipitaciones sugiriendo una posibilidad para eventos de precipitaciones
extremas. El conocimiento es insuficiente para decir si existirán
cambios en la ocurrencia o la distribución geográfica
de tormentas severas o ciclones tropicales.
Los expertos de la Agencia
de Protección del Medio Ambiente estadounidense (EPA) coinciden
en que la elevación de las temperaturas globales provocarán una
elevación del nivel del mar, cambios en los regímenes de
precipitación y otras condiciones climáticas locales. Los
cambios regionales del clima pueden alterar los bosques, el rendimiento
en las cosechas, y las fuentes de agua. También puede resultar
amenazada la salud humana, dañadas especies de aves, peces y muchos
tipos de ecosistemas. La mayor parte de Norteamérica
observará una tendencia general al incremento de la
precipitación y la evaporación, serán más intensas las tormentas y
más secos los suelos. Los modelos para áreas específicas, según los
especialistas, adolecen de notables
incertidumbres.
Fuente:
Evaluación del Grupo
Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) 2001.
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